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Después de Mariano vendrá Rajoy

PUBLICADO O 28 DE FEBREIRO DE 2018 · (0)



ERNESTO S. POMBO · PERIODISTA


El presidente Mariano Rajoy estuvo de celebración. El martes 23 de enero batió el récord de permanencia en el poder, superando incluso a Felipe González, que también estuvo lo suyo. Pero Rajoy, entre ministro con Aznar, en el que se responsabilizó de hasta cinco carteras, y presidente, supera los trece años y cinco meses, que es todo un récord y eso que no contamos el tiempo que lleva en coche oficial desde que comenzara su vida pública, en su añorada Pontevedra en los años jóvenes, porque entonces lo mismo nos vamos una plusmarca mundial.

Pero quizás el acontecimiento no sea relevante en su biografía porque solo horas más tarde de batir la marca anunció su intención de presentarse a la reelección en el 2020. Y, a la vista del panorama y tal y como están las cosas, puede ocurrir que este récord quede invalidado si como parece el sucesor de Mariano es Rajoy.

Pero, ¿dónde radica el éxito del presidente? En no molestar. No hacer mucho, lo menos posible; pasar desapercibido y dejar que el tiempo solucione, o no, algunos de los problemas. Y si estos se enquistan y requieren de una resolución inmediata pues echar mano de otras instituciones del Estado, preferentemente de la Justicia, para que vaya solucionando los asuntos desagradables.

Echemos una ojeada al pasado. En todo este tiempo, ¿cuál es el distintivo que nos deja Rajoy? ¿Qué recuerda el ciudadano de su paso por los ministerios, entre otros, de Interior o Educación? ¿Y de su presidencia? Pues más bien poco o nada, al margen de los “hilillos de plastilina” cuando ministro, los agobios por el conflicto catalán que ha judicializado, los recortes, la corrupción o el rescate europeo y no le apuntemos la recuperación económica porque si bien es cierto que las cifras parecen mejorar, los ciudadanos vivimos peor; y los éxitos del paro serían muy discutibles, no tanto por los puestos creados sino por la calidad de los mismos.

Pero esa ha sido, precisamente, la clave del récord que ha superado. Vender un país que se encamina hacia el paraíso sin dejarse ver nada más que lo imprescindible. Comparecer en pantalla de plasma, y solo dar el paso al final, muy al final, como ocurrió con la aplicación del 155 del que hasta el mismo presidente Feijóo reconocía estos días que fue aplicado con retraso, pese a culpar de ello a socialistas y naranjas, como si tuviesen responsabilidad de Gobierno, disculpa que ya no compran ni los más hooligans. Y lo mismo desde las filas populares y su electorado donde es un clamor el escaso ímpetu que Rajoy imprime a cuestiones que se consideran de vital importancia, como fue el caso de la corrupción en el partido.

Ese proceder del presidente lo achacamos unos a la pereza y desgana y los suyos al arte de la paciencia y la serenidad. Y mientras lo uno o lo otro llenan páginas de periódicos y alimentan las tertulias, a Rajoy le sirven para limpiar el PP de las malas compañías, hacer oídos sordos a la corrupción y distraer la atención de los problemas de aquello que no le interesa. Es un maestro del despiste.

Nadie puede negar que la estrategia le funciona. A día de hoy se presenta como el que tiene más opciones de seguir al frente del Gobierno, porque si bien es cierto que Albert Rivera ofrece juventud, futuro, otro discurso y la imagen del Macron español, no lo es menos que está instalado en la contradicción y el seguidismo y eso, a medio plazo, se paga. Y si la izquierda está dejando de creer en Podemos y en el camarada Iglesias, y Pedro Sánchez se encuentra en la fase de precalentamiento, pues el mejor situado es Rajoy.

Así que después de que Mariano haya batido el récord vendrá Rajoy. Que probablemente utilice el mismo modelo de Gobierno que su antecesor. Es decir, no tomar iniciativa; no moverse. O lo que es lo mismo, la desgana, la dejadez, la desidia y la indolencia. Que es una forma de gobernar muy marianista. Pero, por lo visto, de mucho éxito.



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