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Cuando lo imposible es posible

PUBLICADO O 07 DE XUñO DE 2018 · (0)



ERNESTO S. POMBO · PERIODISTA


Parecía imposible que Mariano Rajoy dejara la Moncloa, de forma especial tras lograr la aprobación de los Presupuestos. Parecía imposible que Pedro Sánchez, que vive peleado con las urnas, pudiera sucederle. Parecía imposible que los nacionalistas vascos, tras lograr un suculento aguinaldo, renegaran del presidente popular. Parecía imposible que los nacionalistas catalanes aceptaran que Sánchez gobernara España, después de haber apoyado el 155. Y parecía imposible que Podemos, con Pablo Iglesias al frente, le concediese al líder socialista la oportunidad que le negó hace solo unos meses. Todo parecía imposible y, sin embargo, la política española hizo que lo que era imposible se hiciese posible.

¿Qué cambió para que en solo cuestión de horas lo que para todos, también para Rajoy y Sánchez, se presentaba como inalcanzable se hiciera realidad? ¿Qué virus asoló a las fuerzas políticas para provocar tal tsunami que ha dejado a todos estupefactos? ¿Fue solo la sentencia de la primera pieza de la Gürtell la que provocó tal terremoto?

Ni mucho menos. La sentencia de la Audiencia Nacional, que se hace pública el día 24 de mayo, es el final de un largo proceso de degradación política y social que ni tan siquiera arranca con la llegada de Mariano Rajoy al Gobierno, sino que se remonta a los tiempos de José María Aznar y que se alimentando y madurando en los últimos años.

Alguien ha dicho que la sentencia es la gota que colma el vaso. Y quizás no haya mejor ejemplo para entender lo ocurrido. Porque el tan esgrimido argumento de que el tribunal duda de la credibilidad de Rajoy no es más importante que los SMS que el presidente envía a un detenido o las innumerables defensas numantinas que incluso desde la sede del Gobierno se hace de los corruptos. Respecto al beneficio del PP de los dineros oscuros, que confirma el tribunal, teníamos la confirmación por boca de quienes lideraron las operaciones de la financiación ilegal.

Lo que ocurrió en solo tres días es que era tal el sentimiento generalizado de que Mariano Rajoy, su Gobierno y el PP tenían que ser desalojados del poder que nadie osó levantar la voz y dar un paso al frente en su defensa. Porque los recortes, la reforma laboral, la ley mordaza, el rescate bancario y la amnistía fiscal, entre otras muchas cuestiones, estaban en el subconsciente de quienes tenían la decisión. La reacción de Ciudadanos siendo el primero en apuntarse al desalojo asegurando que la legislatura ha acabado, marca el camino a todas las demás fuerzas parlamentarias, aunque en la votación actuara como viene siendo habitual en ellos. Sí pero no.

¿Cómo justificaban ante su electorado Podemos, PNV, PdeCat o ERC  mantener un Gobierno popular con el descrédito al que había llegado? ¿Cómo desaprovechar la oportunidad, después de meses de decir en público y en privado que debía de irse? ¿Cómo justificar la continuidad de Rajoy, un presidente que no ha reconocido ni uno solo de los errores, algunos de extrema gravedad, propios, de su partido o de su Gobierno?

El mérito de Sánchez fue saber aguardar y elegir el momento en el que no había vuelta atrás. La fruta estaba lista para ser recogida y él tuvo el acierto y la osadía de plantear el dilema, Mariano sí o Mariano, no. Y lo que se antojaba como imposible se hizo posible quizás porque ya sabemos que, muchas veces, lo imposible es no intentarlo. O como dijo, Henri Barbusse “es intentando lo imposible como se realiza lo posible”.



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