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Zapatero avala al chavismo

PUBLICADO O 28 DE XUñO DE 2018 · (0)



PEPE CASTRO · PERIODISTA


A la gente de mi generación nos enseñaron a ser agradecidos a las personas y a las instituciones que nos ayudaban y ese agradecimiento debíamos hacerlo extensivo a los países que daban trabajo a miles de gallegos que huían del hambre en la Galicia de la economía de subsistencia del siglo pasado.

Entre esos países ocupa lugar destacado Venezuela. Dice Antonio López Ortega, escritor y promotor cultural venezolano, que en los años cuarenta y cincuenta del siglo pasado más de 500.000 españoles recalaron allí, unos huyendo de la dictadura franquista y todos en busca del trabajo y un futuro que se les negaban aquí. 

Venezuela era entonces un país democrático en un continente convulso. Años después, “paso lo que pasó” y la degeneración de la democracia abonó el terreno al chavismo en 1999 –la vuelta de todas nuestras pesadillas, dice López Ortega– cuya idea-fuerza era que “la redención social pasa por un absoluto control del poder”.

Bajo ese principio rector, Venezuela tiene su economía destruida –caída del PIB, hiperinflación nunca vista–, sueldo mínimo equivalente a tres dólares, faltan alimentos, medicinas y productos básicos, una represión es generalizada y restricción de libertades, acoso a cualquier disidencia, inseguridad jurídica, cientos de miles de venezolanos huyendo del país…

En ese escenario, Nicolás Maduro, el sucesor de Chávez, preparó unas elecciones a la carta, con la oposición encarcelada y sin ninguna de las garantías que deben presidir un proceso electoral democrático, las ganó y se coronó a sí mismo como estaba programado sin importarle la ausencia de la oposición, la altísima abstención y que solo seis países, lo mejor de cada casa, reconocieran su “triunfo”. 

De esta forma, el chavismo y Maduro mantienen el poder. Pero también mantienen la pobreza y el hambre, la mortalidad de las madres y de los niños; la represión y la inseguridad, con uno de los mayores índices de asesinatos del mundo; tienen a centenares de opositores en la cárcel –estos sí que son presos políticos y no los políticos catalanes presos–, y decenas de muertos por la represión del propio régimen.

Esa farsa electoral mereció el repudio de todos los líderes de las democracias occidentales. De todos, menos de Rodríguez Zapatero, que no solo avaló con su presencia y sus palabras esa mascarada de votación, sino que acusó a la Unión Europea de tener prejuicios ante los comicios de los que dijo “no tengo duda de que los venezolanos van a votar libremente”. Que Dios le conserve la fe y la vista.

No sé decir si el expresidente padece un extraño “síndrome de Estocolmo” con Maduro; si necesita llamar la atención haciendo el ridículo en contra del sentir democrático general; o si ha perdido de nuevo el juicio, como lo perdió cuando gobernaba España. No quiero pensar que haya actuado “en modo subvención”. 

Lo cierto es que el “talante” comprensivo de Zapatero con el régimen chavista indigna a los venezolanos que carecen de todo, de libertades, de alimentos… y están siendo masacrados; abochorna a todos los demócratas y es un insulto a nuestros compatriotas gallegos. Muchos siguen en Venezuela y lo perdieron, otros regresaron a Galicia y perdieron su pensión que hace muchos meses que el régimen que él avaló no les paga.  

En la Grecia clásica se decía que “aquel a quien los dioses quieren destruir, primero lo vuelven loco”. No lo descarten.



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