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Núñez Feijóo sigue mosqueado

PUBLICADO O 12 DE XUñO DE 2019 · (0)



ERNESTO S. POMBO · PERIODISTA


Pablo Casado escucha y atiende, pero luego hace poco caso a lo que le dicen. Lo aseguran fuentes de Génova 13 y eso mantiene a Alberto Núñez Feijóo con un cabreo poco disimulado que se prolonga ya desde hace meses. Exactamente desde que el líder popular optó por dar un volantazo hacia la derecha, de la mano de Aznar, al partido lo que le valió un evidente varapalo en las elecciones generales del 28 A. No sería porque no le llegaran avisos desde Compostela. Antes, durante y después. Pero la situación se repite y Feijóo sigue mosqueado.

Tras el derrumbamiento en las generales, con la pérdida de la mitad de sus escaños en el Congreso y la consecución de la mayoría absoluta en el Senado del PSOE, no se las prometían los populares muy felices. Pero la posibilidad real de conservar la Comunidad de Madrid e incluso el Ayuntamiento de la capital, hizo que ya la misma noche electoral vendieran los resultados como un triunfo con el que iniciaban la remontada. Mientras Casado consideraba haber salvado in extremis la silla, Núñez Feijóo, Moreno Bonilla, Alfonso Alonso y otros líderes se jactaban de que sus llamamientos a la moderación y a recuperar el centro eran los que habían permitido los resultados. Y entre abrazos, felicitaciones y achuchones los populares celebraron un Comité Ejecutivo Nacional que, a decir de los asistentes, fue una fiesta de hermandad, cariño y amistad.

Pero, por lo visto, la camaradería duró bien poco. Porque tras el Comité, Casado compareció ante los medios para desmentir a los barones que invocaban el giro al centro. Y ahí se acabó la fiesta. El almuerzo de confraternidad acabó como el rosario de la aurora entre reproches de “y tú más” a propósito de la foto de Colón, el pacto andaluz con Vox o la mala elección de candidatos. Y fue precisamente el presidente gallego, uno de los de más peso institucional y orgánico, el que mostró un mayor grado de cabreo, liderando la 'revuelta' y recordando que nada de lo que acababa de decir el líder podía llevarse a cabo porque lo que se impone es girar al centro, ensanchar las bases y seguir apostando por la vía de la 'moderación', dejando así de lado el viraje a la derecha y el acercamiento a Vox que caracterizaron los primeros meses del liderazgo del PP tras ganar las primarias.

El enfrentamiento es tal que, en la propia sede de Génova 13, próximos a Casado recomendaron a periodistas de sus medios más afines que recordasen los malos resultados que Feijóo había obtenido en Galicia. Si el PP nacional obtuvo el 26 M una derrota endulzada por Madrid, al presidente gallego le ocurrió lo contrario. Logró una victoria amarga, por menos de 9.000 votos sobre el PSOE, con niveles de apoyo de hace doce años, sin poder urbano, perdiendo el 14 % de los gobiernos y bajando dos puntos, pese a ganar el 57 % de los ayuntamientos y con 131 mayorías absolutas y 48 relativas.

Así pues las espadas siguen el alto. El mosqueo de Feijóo, al que ya nos referíamos en el anterior número de ECO, lejos de desaparecer ha aumentado. Porque llueve sobre mojado y Casado no reconoce, o no quiere reconocer que, si salvó los muebles, ha sido gracias a los que entendieron que el PP había viajado al centro, sobre todo después de sus críticas a Vox y de los mensajes moderados de los líderes territoriales.

Un dirigente popular crítico reconoció la “tensión” que vive el partido tras el 26 M y advierte que “si Casado no hace grandes cambios quizás el que se la juegue sea él”. Y esos cambios pasan por evitar que Núñez Feijóo siga mosqueado.



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