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El recambio del cambio

PUBLICADO O 19 DE XUñO DE 2019 · (0)



MARíA CADAVAL · PROFESORA DE ECONOMíA APLICADA DA USC


Recientemente se han renovado los gobiernos locales. Acaban de ser elegidos 8.131 alcaldes y más de 66.000 concejales, de entre los cuales se designan alrededor de 1.000 diputados provinciales. Llama la atención que sean más que en 2015, tras aprobarse la Ley 27/2013 de Racionalización y Sostenibilidad de la Administración Local, que declaraba tener como objetivo simplificar el andamiaje institucional local –de acuerdo con los principios de eficiencia, estabilidad y sostenibilidad financiera–. Esta evidencia revela el fracaso de una reforma poco ambiciosa que dejó pervivir la dialéctica entre la herencia administrativa del pasado, la inercia de la trayectoria presente y la certeza de que este no es el mejor caldo de cultivo para su proyección de futuro.

La aceleración de la globalización y el desplazamiento de los centros de gravedad geoeconómicos ponen a las ciudades ante la encrucijada de reconsiderar su paradigma de desarrollo y les obliga a formular sus estrategias de acción global. La fragmentación administrativa actual no parece la mejor manera de enfrentarse a los nuevos modos de asentamiento urbano, al envejecimiento de la población, a las tensiones migratorias, al reto medioambiental, a la digitalización o al desafío de la conectividad, para alcanzar de completar la habitabilidad urbana.

Pide paso la adopción de un modelo vertebrador, de articulación conjunta de estrategias capaces de hacer cooperar a las ciudades en lo local y posicionarlas para competir a nivel internacional. Este nuevo rol no será posible mientras las disfuncionalidades que introduce la inconsistencia entre los límites institucional, funcional y relacional se perpetúe en el tiempo.

No cabe duda de que el lugar es aquí y el momento es ahora. Solo una vez eliminada la tensión que se produce entre la gestión y la representación local, se podrá posicionar a las ciudades en el papel que les corresponde como polos generadores de riqueza, conceptuadas en las coordenadas políticas, económicas y sociales del s. XXI y alejadas de los paradigmas de antaño. La cooperación en el ámbito metropolitano tiene que permitir romper la máxima de guerra que dice “divide y vencerás”. Se trata de unir, de cooperar a nivel supramunicipal y de cambiar el modo de hacer, porque como decía Einstein si buscamos resultados distintos no podemos seguir haciendo lo mismo.

Se abre un horizonte con grandes oportunidades en el mundo local. En lo político, estas elecciones han movido el suelo de muchas alcaldías, entre ellas las llamadas del cambio. En este caso, la inoperancia en la gestión y la fragmentación interna de las distintas corrientes han propiciado una revolución en la composición del gobierno de las ciudades de Galicia. Lo había avanzado Nietzsche “todo idealismo frente a la necesidad es un engaño”.

Los ciudadanos han pedido el recambio del cambio, no parecen estar dispuestos a seguir soportando idealismos inoperantes. Tampoco sería correcto interpretar que los nuevos gobiernos electos vayan a hacer política igual que en la década de los noventa. La realidad transcurre ahora en un escenario de elevada fragmentación electoral, que hace necesario un aprendizaje a través de los pactos.

En aquellos casos en los que la fórmula permita gobernar en coalición, tiene como ventaja que el acuerdo resultará más seguro, pero el problema radica en alcanzar el consenso necesario para integrar los programas de los partidos que la conformen. Más fácil parece, a priori, un acuerdo de legislatura, pero requiere de una lealtad recíproca que no siempre es compatible con el cálculo electoral individual. Los gobiernos en minoría solo son posibles si la distancia que separa a un partido de la mayoría absoluta es reducida y tienen posibilidad de hacer acuerdos de geometría variable.

Con cualquiera de las tres fórmulas anteriores es posible gobernar los municipios. De la habilidad que demuestren los nuevos gestores municipales depende el destino de algo más de 2.000 millones de euros anuales que, dicho así, no parece mucho, pero que en un ciclo de cuatro años representan el equivalente al presupuesto anual de la Xunta. Si se organizan bien, los municipios, pero sobre todo las ciudades, pueden tomar las riendas de las dinámicas económicas y convertirse en las cabezas tractoras del crecimiento de Galicia, eso sí, si son capaces de ver que han de cooperar a nivel horizontal y competir en un mundo global y no al revés.



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