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Balance de daños

PUBLICADO O 02 DE SETEMBRO DE 2019 · (0)



ERNESTO S. POMBO · PERIODISTA


Como acontece tras las catástrofes se hace imprescindible realizar un balance de los daños ocasionados para conocer con exactitud el alcance los mismos. Siempre, tras el paso de un tornado, se hace un recuento de los perjuicios causados y se mira de repararlos lo antes posible y de la forma que resulta más aceptable para todos.

La investidura fracasada de Pedro Sánchez ha sido para los principales partidos como un tornado dañino. Por los daños que ha ocasionado y por lo difícil que va a ser, en algunos casos, que se sobrepongan a ellos. Y esa tempestad política no hizo excepciones y afectó, en mayor o menor medida, a cuantos participaron en el espectáculo parlamentario. Todos.

Porque no es cierto que el PSOE haya salido fortalecido de la investidura fallida. Por mucho que el CIS dispare sus expectativas hasta el 41,3 % de los votos. La desidia de Pedro Sánchez en iniciar los contactos, sus escasos dotes negociadores y la altanería mostrada por momentos dejan a los socialistas en una situación complicada de cara a llegar a algún acuerdo. Y por si fuera poco, desaparecieron los puentes con Podemos y Ciudadanos y el PP, con cierta lógica, mantiene inalterable su rumbo de rechazo.

Pero es que además el electorado culpa por igual a Sánchez e Iglesias del descalabro. Y se muestra contrario a una repetición electoral que nada arreglaría para las fuerzas que aspiran a gobernar y sí podrían ofrecer una alternativa al tridente ultra. Esta situación ha abierto una brecha en el seno del PSOE entre quienes defienden una repetición, los que la consideran deseable y los que la creen rechazable a todas luces.

Pero peor es lo de Podemos, ya que es el más perjudicado por esta situación. Su liderazgo ha quedado debilitado, recibió duras críticas desde la izquierda, ha dado una mala imagen de fuerza escasamente responsable, se ha frustrado el proyecto de Iglesias de dar paso a Irene Montero y, lo que es peor, IU, los anticapitalistas y otras formaciones ya han mostrado su desacuerdo por lo negociado y se inclinan por un pacto programático, con lo que se ha abierto una brecha que, en principio parece difícil de cerrar.

En el entorno de Iglesias y sus fieles se habla de frustración, decepción y hastío, y hasta hay quien dice que “tocamos poder o desaparecemos”, porque estuvieron a media hora de formar parte de un Gobierno y ahora se encuentran en una encrucijada y a la desesperada, como demostró la oferta última e improvisada realizada en la misma investidura.

No parece estar en una situación mucho mejor Albert Rivera y Ciudadanos. Hace ya tiempo que el líder y su formación entraron en una crisis que, lejos de solucionarse se va agrandando, con las dimisiones y ceses continuados de sus nombres más representativos y de fundadores. Desde la foto de Colón, que a día de hoy siguen negando, Rivera parece haber perdido el rumbo y se empeña en rechazar lo evidente. Forma parte del tridente ultra, sin querer aceptar tal integración y ello le lleva a una deriva ciertamente peligrosa, con un lenguaje burdo e insultante y posturas de evidente desprecio a las mínimas normas democráticas y a las más altas instancias del Estado. Rivera y los suyos, aquellos que vinieron para democratizar el país, están a un paso de ser un peligro para nuestra democracia porque se está situando fuera del sistema. La investidura fracasada lo dejó claro y sirvió para abrirle los ojos a una parte del electorado que, según los sondeos, le propinaría un duro castigo en las urnas.

Sin ser el peor parado, el PP tampoco puede escapar de los efectos del tornado. Veteranos dirigentes le sugieren a Casado que tome la iniciativa y le plantee a Sánchez un Gobierno de coalición al entender que el movimiento daría réditos al líder de la oposición. Pero sin ir tan allá, el presidente Feijóo propuso un apoyo asentado sobre acuerdos de Gobierno para evitar el apoyo a Sánchez de los independentistas.

Uno y otro día se escuchan voces populares apuntando en este sentido, en unos tiempos en los que Casado dedica su tiempo a llevar a cabo la renovación o más bien la derechización, que le permita asentarse en un liderazgo que nunca ostentó porque hay que recordar que sobre su gestión pesa el haber obtenido los peores resultados de la historia del partido.

Y es que la fracasada investidura de Sánchez pasa factura a todos. También, y sobre todo, al electorado. Cansado ya de bufonadas y gansadas.



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