"Vivir del arte es una lucha constante"
Flectoralia es el título de la exposición de Perrisco (nombre artístico de Juan Fraga), que ha estado en varias localidades y pudo verse recientemente en el concello de Teo. Estas 24 piezas que invitan a reflexionar sobre los momentos fundamentales de la vida son la última propuesta de este compostelano que se declara "adicto a la pintura y al arte" y que ha llevado su excepcional obra por todo el mundo.
Te presentas en tu web, perrisco.com, con una idea de lo más sugerente: «Todo empezó con una manzana…». Suponemos que hay una historia detrás…
Todo empezó con una manzana es como una metáfora del inicio de todo proceso creativo: algo sencillo que se transforma en un mundo de posibilidades. Desde pequeño sentí fascinación por observar y representar el mundo que me rodeaba, y esa fascinación me llevó a explorar la pintura. Fue en ese momento inicial, con algo tan cotidiano como una manzana, cuando me di cuenta de que podía transformar lo ordinario en algo extraordinario a través del arte.
Mi formación comenzó de manera autodidacta, pero posteriormente cursé estudios en diversas materias de Bellas Artes y realicé colaboraciones en distintos talleres de artistas que inyectaron esa técnica y motivación para dedicarme a esta profesión que tanto me apasiona. El artista es un continuo científico que experimenta con nuevas tendencias, con nuevos materiales y con nuevas realidades para moldear lo que desea presentar en su particular visión del mundo.
En un primer vistazo a tu obra se aprecia un lenguaje pictórico muy personal en el que destaca el uso del color y el tratamiento del rostro humano. ¿Qué te interesa transmitir cuando pintas?
Cuando pinto, busco transmitir emociones y reflexiones profundas sobre la condición humana. El rostro humano, con toda su riqueza expresiva, es el lienzo perfecto para explorar temas como la vulnerabilidad, la identidad y la conexión con los demás. Más que representar lo visible, intento capturar lo intangible: el alma, los silencios, las preguntas que todos llevamos dentro.
El espectador siempre debe completar la obra con su experiencia vital, con su interpretación, y mis trabajos, de alguna forma, se encuentran inacabados hasta que el público los interpreta. Eso no quita que, como artista, busco colocar la semilla en cada uno de mis hijos artísticos.
Y hay una clara predilección por el rojo…
El rojo es el color de la vida, de la pasión, de la energía que mueve el mundo. Pero también es el color de la intensidad, del límite entre lo vital y lo trágico. Me interesa porque tiene una dualidad poderosa: puede ser tanto cálido como agresivo, vivo y desgarrador. Lo utilizo como un vehículo para expresar la fuerza de los momentos fundamentales que exploro en mi obra.
En Flectoralia se aprecia un cambio con respecto a obras anteriores. ¿Has variado mucho la temática a lo largo de los años?
Sí, mi trabajo ha evolucionado, aunque siempre hay un hilo conductor. En mis inicios, estaba muy enfocado en la soledad, el aislamiento y la introspección. En Flectoralia doy un giro hacia momentos fundamentales de la vida, explorando experiencias universales desde una perspectiva más reflexiva y abierta. Mi obra cambia porque yo cambio; el arte es un reflejo de mi crecimiento personal y artístico.
¿Cuál es tu principal fuente de inspiración?
La vida misma: momentos cotidianos, emociones universales y el constante diálogo entre lo visible y lo invisible. Reflexiono mucho sobre temas como la soledad, la conexión, el paso del tiempo y la fragilidad de la existencia. También me inspiran otros artistas, la literatura, la música y las experiencias personales que transformo en narrativas pictóricas. Si he de resumirlo de alguna forma, lo que más marca mi obra ha sido y es mi vida.
Otra de las sensaciones que genera tu obra es un cierto desasosiego. Sin embargo hablas mucho de tranquilidad cuando defines tu trabajo. ¿Es una paradoja buscada?
Sí, es una paradoja intencionada. Creo que el arte debe incomodar y al mismo tiempo ofrecer consuelo. Mis obras buscan generar preguntas en el espectador, sacarlo de su zona de confort, pero a la vez tienen un componente meditativo que invita a la introspección. Para mí, la tranquilidad no es la ausencia de conflicto, sino la aceptación de las emociones, incluso las más inquietantes.
El surrealismo está muy presente, pero hay dibujos que parecen propios de los antiguos maestros de la pintura. ¿En qué ámbito te encuentras más cómodo?
En ambos. El surrealismo me permite explorar lo onírico, lo simbólico, mientras que el rigor técnico y la inspiración en los antiguos maestros me conectan con el oficio y la tradición. En mi trabajo intento combinar ambas vertientes para crear algo que sea contemporáneo pero que, al mismo tiempo, dialogue con la historia del arte y de esta forma también conecte con la mayor parte del público.
Eres compostelano pero viviste fuera muchos años. ¿Por qué volviste?
Volví a mis raíces, a reencontrarme con mi ciudad, mi infancia, mis recuerdos, porque Santiago tiene algo especial: su luz, su atmósfera, su calma. Es un lugar que invita a la reflexión y a la creación. Es cierto que no siempre es fácil trabajar aquí debido, sobre todo, a la lejanía con los circuitos artísticos, pero la conexión con la comunidad y la tranquilidad que ofrece la ciudad compensan las dificultades.
Tengo la gran fortuna de tener un estudio en mi propia casa, un espacio muy especial con mucha luz, tranquilidad y naturaleza y que me permite estar en contacto con mi entorno y con mi propia creatividad.
Sé que detrás de cada obra hay muchas horas de trabajo y, en ocasiones, muchas otras obras que quedan en el camino. ¿Cuánto suele durar el proceso de creación y cuándo das por acabada la obra?
El proceso varía mucho según la obra. Puede durar días, semanas o incluso meses. A veces hay piezas que necesitan reposar para que pueda observarlas con perspectiva y decidir si están terminadas o simplemente buscar o investigar el medio que mejor se adapta para representar la idea final. Una obra está acabada cuando siento que ya no hay nada más que decir, cuando la conexión entre lo que quiero expresar y lo que está en el lienzo es completa.
Además de pintar, enseñas. Has llevado tus talleres de pintura por todo el mundo. ¿Qué te ha aportado esa faceta tan diferente de la imagen de pintor solitario en su estudio?
Enseñar me ha enriquecido enormemente, porque me obliga a estructurar y transmitir lo que sé de manera clara. Además, aprendo mucho de mis alumnos: sus perspectivas, su creatividad, su forma de enfrentarse al proceso artístico. Enseñar me ha conectado con personas y culturas de todo el mundo, lo que ha ampliado mi visión como artista. Siempre digo: el arte de enseñar, el arte de aprender… Ambas partes están totalmente ligadas y tanto unos como otros estamos en continua formación y evolución.
Supongo que esa imagen de pintor bohemio nada tiene que ver con la realidad. Tú mismo tienes gran presencia en el mundo digital, no solo a través de la web, también en redes sociales. ¿Qué aporta al artista este nuevo ámbito digital?
En un mundo tan competitivo, tan globalizado, el pintor actual debe adaptarse a las nuevas realidades. El mundo digital es una herramienta poderosa para conectar con un público global. Me permite compartir mi trabajo de manera inmediata y crear un diálogo directo con personas que de otro modo no podrían acceder a mi obra. También es una plataforma para explorar nuevas formas de narrativa visual y promocionar proyectos.
¿Facilita esta nueva ventana al mundo poder vivir del arte?
Sin duda todo ayuda, pero también supone un reto porque hay que dedicar tiempo y esfuerzo a mantener esa presencia. Sin embargo, creo que es una oportunidad única para dar visibilidad al trabajo artístico y para conectar con coleccionistas, galerías y amantes del arte en cualquier parte del mundo. Todo suma, pero lo principal de cualquier producto es la calidad, la diferenciación, el poder transmitir y vender algo único.
Vivir del arte es realmente una lucha constante, te encuentras siempre en la cuerda floja, pero debe ser el esfuerzo y la apuesta personal lo que te motive para seguir adelante, aunque a veces es complicado.
Quería acabar preguntándote hacia dónde se dirige tu carrera, pero tu web abre con una sentencia de Picasso que parece dejar claro que la razón no maneja tu pintura. En cualquier caso, ¿hacia dónde te gustaría dirigir tu carrera artística?
Me gustaría seguir explorando nuevas formas de expresión y alcanzar públicos más diversos. Sueño con exponer en espacios que valoren la conexión emocional y conceptual de mi trabajo, tanto en España como en el extranjero. Pero, sobre todo, quiero que mi arte siga siendo honesto, evolucionando conmigo y conectando con quienes lo contemplen. Que mis “hijos artísticos” viajen y sean conocidos para que puedan aportar mi granito de arena en un mercado lleno de grandes talentos y visiones.
Si eso se traduce en éxito, bienvenido sea, pero si simplemente me permite continuar alimentando esta aventura artística, me doy por satisfecho.
(Entrevista publicada en el número 405 – febrero 2025)
marisaperezvillar@gmail.com
07 de febreiro de 2025
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